Por los cuentos leídos una y otra y otra vez, hasta que me dormía. Por las canciones enseñadas. Por la aventura de las obras de teatro familiares. Por los villancicos de Navidad. Por la magia de "descubrir" huevos de Pascua en el jardín. Por las sopas calentitas de la noche. Por el budín de pan -merengado- de los sábados. Por la calesita de los domingos. Por las infaltables visitas al Hollywood Park. Por cada cumpleaños celebrado. Por el regazo que abrigaba mi sueño a destiempo. Por los brazos firmes que me llevaban, enferma, al médico. Por las lágrimas impotentes frente a mi dolor. Por los libros compartidos y comentados. Por las confidencias escuchadas. Por los planes alentados. Por los temores confesados. Por la aceptación de cada opción que hice. Por su consejo experto cuando nació mi hijo. Por su ejemplo de coraje, de empeño y de esperanza. Por la explícita alegría que le produce ser madre. Porque el domingo recibirá sus regalos y entregará uno a cada hijo agradeciéndole que la hubiera hecho mamá. Y por todo lo demás que ya no cabe en este espacio, ¡feliz día!